Obama y la selección española de futbol

¿Puede un eslogan asociarse a la victoria?

Parece claro que por sí mismo no la garantiza, pero un eslogan transmite una idea (o eso pretende), y es especialmente motivador si lo que transmite son sentimientos positivos.

Recientemente se han producido dos éxitos que poco tiempo antes parecían si no imposibles, poco probables, y casualmente ambos tenían un mismo eslogan (o grito de guerra).

Podemos (o en la versión americana Yes, we can) han sido partícipes de las victorias de la selección española de fútbol y el reciente ganador de las elecciones americanas Obama.

En ambos casos previamente había una falta de motivación, falta de fe. La selección española tradicionalmente situaba su tope en los cuartos, a pesar de aspirar siempre a más, y la sociedad americana se encontraba en una ligera depresión por la situación financiera y la elevada impopularidad de su entonces líder político. En definitiva, les hacía falta esperanza.

Y esa esperanza era transmitida a través de una simple frase: Podemos (o we can). En innegable que da ánimo cuando alguien te dice “tú puedes”, o, en este caso, “podemos”.

De cara a la política se trata de una frase perfecta. No sólo porque transmite positivismo y esperanza, sino porque además incita a la participación, a la integración, algo que es vital de cara a unas elecciones.

Sin duda we can (podemos) es mucho mejor que los vagos esloganes de nuestros partidos en las anteriores elecciones. “Motivos para creer” era en el Psoe, y “confianza” o “las ideas claras” en el caso del PP. Demasiado lejanos, demasiado ambiguos, no me dan la sensación de que participo en ellos. Un eslogan político debe de ser en primera persona del plural, porque quiero formar parte del cambio.

Eso sí, siguiendo la campaña electoral de EEUU es fácil darse cuenta de que la diferencia no está sólo en los esloganes. Está también en el carisma, en la oratoria, en el ímpetu, en la tolerancia del pueblo,… en todo.

Deducciones fiscales para business angels

Leo en esta noticia de Expansion que el Gobierno tiene dentro de sus planes establecer una deducción del 10% a particulares que inviertan en empresas con gran potencial de crecimiento (capital riesgo).

El objetivo de esta deducción es animar a los business angels a continuar invirtiendo en nuevas empresas, especialmente en esta época que comienza donde las turbulencias económicas dificultan las concesiones crediticias, limitando las posibilidades de financiación de nuevas empresas.

En este mismo sentido se mueve una noticia de la semana pasada que parece que pasó bastante desapercibida como es la creación de un mercado de valores para pymes (MAB, Mercado Alternativo Bursátil), que facilitará el acceso al parqué de empresas de poco tamaño con necesidades de financiación. Siguen existiendo algunas limitaciones con vistas a garantizar la seguridad de los inversores y la transparencia exigible del mercado (free float de 2M, cuentas auditadas…), pero mucho menores a las exigidas hasta el momento.

Aunque acojo con cierta esperanza esta noticia, a la vez me apena que nuevamente comentan el mismo error de siempre: sacar leyes a priori buenas, pero que se aplican a medias (la extensión de derechos para homosexuales se podían haber realizado también para otros colectivos, la ley del tabaco quedó a medias disgustando a unos y a otros…). Tengo la sensación de que son expertos en tener oportunidades y dejarlas pasar.

¿Por qué sólo para particulares? Sí, es cierto que ya había medidas impulsoras para Sociedades y Fondos de Capital Riesgo, pero cualquier empresa tiene la potestad de invertir e impulsar a otras. De hecho suele ser más habitual que hacerlo de manera particular. Si se trata de impulsar la inversión en nuevas empresas, ¿por qué no incentivar también las inversiones desde otras empresas y que existan deducciones en el Impuesto de Sociedades?

De ampliarse a empresas sería una medida bastante más eficaz, porque ¿cuántos particulares son capaces de invertir en sociedades? Queda casi en exclusiva para rentas grandes, lo cual no está mal, pero sabe a poco. No obstante, huele a globo sonda, y de aquí a la supuesta aplicación pueden haber grandes cambios en las condiciones y en los beneficiarios.

Nota: Esta medida debe de ser considerada únicamente una medida impulsora de la creación empresarial (lo cual es positivo y en la dirección correcta), pero no como una rebaja fiscal (de las tan prometidas), ya que afecta a un colectivo muy pequeño.

Estadísticas económicas que no se pueden comparar

Graficos de vivienda de Zapatero

Posiblemente los últimos dos debates pre-electorales emitidos en España enfrentando a los representantes de los dos partidos mayoritarios no hayan servido más que para reafirmar la intención de voto de quienes ya lo tenían decidido, fruto de la gran polaridad ideológica reinante. Pero sí que hemos podido aprender cosas como que en los últimos cuatro años el precio de la vivienda ha bajado (wtf?).

Obviamente esto se trata de una metedura de pata sublime, que o bien deja en evidencia la completa ignorancia del candidato o su intención dolosa (personalmente ambas me parecen no sólo posibles sino bastante creíbles).

Los datos estadísticos son interpretables en cuanto a su efecto (porque siempre hay que tener en cuenta varias variables que están influídas entre sí, es necesaria una visión global), variables según la fuente del estudio y la naturaleza de la muestra, y por desgracia también manipulables.

Ante todo decir que es normal que haya cambios en las metodologías de mecidión, aunque normalmente suelen ser justificables. Por poner un ejemplo de una que causó controversia, fue hace aproximadamente una década en relación a la tasa de paro, que cambió su metodología de cálculo para homogeneizarla con la de otros países, especialmente del entorno europeo.

El problema principal de los cambios en las metodologías de medición o de obtención de datos estadísticos es que invalidan la comparación con datos anteriores, y que dejan un cierto olor a chamusquina cuando parece que estos cambios tratan de ocultar o maquillar situaciones incómodas.

Durante esta legislatura han ocurrido cambios en los principales termómetros económicos, que coinciden con el caballo de batalla en la temporada de mítines. Esto es en el IPC, en el paro, y en el PIB. Algunos de ellos tienen una cierta justificación, otros son claramente maquilladores, pero casualmente todos afectan mejorando los datos (lo que se puede traducir en que la situación es peor de la que dicen los datos si se usaran las metodologías antiguas).

En cuanto al paro, se han creado subcategorías que son excluídas del colectivo de paro (reduciendo la cifra real de parados significativamente), como la de “demandantes que requieren servicios previos de empleo“.

La intención de esta exclusión es mostrar una realidad más fiel del mercado laboral (ese es el argumento), pero la realidad es que preparados o no, son demandantes de empleo, y deberían de estar incluídos en las cifras, como han estado siempre. Precisamente por eso mismo (porque hay demandantes de empleo que realmente no están en disposición de trabajar: cambios de puesto de trabajo, estudiantes, …) se considera el pleno empleo en torno al 4%. Si empezamos a excluir, el pleno empleo debería de ser 0%, lo que nos sitúa aún más lejos.

Al PIB (producto interior bruto, GDP) le sucede tres cuartos de lo mismo, con un cambio que tiene cierta justificación (no ha sido muy polémico), pero que también aumenta la cifra del PIB en un 0,7% aproximadamente. Se refiere a un cambio en la valoración de las rentas extranjeras, que venía teniendo un efecto negativo sobre el PIB de -1,4% y tras el cambio es de “sólo” -0,7%, metiendo ese 0,7% “a la saca” sin que haya una mejora real de la producción: sólo cambia la cifra (a mejor, claro).

En relación al IPC (índice de precios de consumo, RPI), no hay muchas novedades, salvo los lógicos cambios en la cesta de productos (que sí son muy habituales y tienen cierto sentido, a pesar de la discutibilidad de la entrada o salida de algunos, pero con escaso efecto). En este caso el cambio más polémico fue en 2002, con la actualización de la base y una gran reestructuración de la cesta.

Donde sí ha habido cambios (y polémica) es en la valoración de vivienda en compra, aunque cabe recordar que no forma parte del IPC al considerarse un producto de ahorro (no es consumo que es lo que mide el IPC), aunque existe un debate en torno a la necesidad de incluir los costes financieros (que con hipotecas a 50 años – que me parece una locura haberlas permitido – son muy importantes).

Así, en lo que supone una chapuza estadística, se eliminan de la computación aquellos pisos que son más caros de un valor límite. Habitualmente en estadística se eliminan valores extremos, pero por ambos lados, sin que afecten a la media, pero eliminar de manera discriminada como es el caso, precisamente en lo que más afecta a la subida (por su valor) huele a cuerno quemado.

Además, se realizó una ponderación con respecto a las tasaciones, lo que otorga un mayor peso a los distritos que sean más baratos, mayor al que le correspondería, lo cual también reduce la cifra.

Para los amantes de los titulares sensacionalistas, sería algo como “si contabilizaramos como hace unos años, ahora habría más paro, un PIB casi un punto menor y una vivienda más cara de la que nos dicen”.

PD: desde aquí animo a todos a que vayáis a votar el próximo domingo, aunque estoy de acuerdo con vosotros: con estos políticos a veces se le quitan las ganas a uno. Pero no tiene sentido pedir derechos, y luego no aprovechar aquellos que ya tenemos, ¿no?

Técnicas de Hacker para padres

Técnicas de hacker para padres

Revisando mis suscripciones rss, he llegado a esta entrada de Noticiasdot en la que se anuncia un nuevo libro de Mar Monsoriu: Técnicas de Hacker para padres.

En este libro Mar ofrece consejos y herramientas a los padres para proteger a sus hijos de los peligros que pueden existir en la red de redes, sin que éstos tengan que renunciar a las bondades que ésta les ofrece, tanto si éstos tienen conocimientos previos de internet como si no. Quizás pueda ser una lectura interesante para muchos de los que acabáis de ser papas, como Carlos Blanco o Angel María Herrera, a quienes desde aquí felicito por su reciente paternidad.

Debo confesar que ver el nombre de Mar Monsoriu me ha hecho especial ilusión, rememorando viejos tiempos.

Conozco virtualmente a Mar desde hace cerca de 10 años (no sé precisar cuántos exactamente), cuando apenas era un chiquillo con inquietudes por el marketing e internet. Por aquel entonces yo gestionaba el canal #empresa en el IRC-Hispano, y ella hacía lo propio con el canal #marketing, bajo los nicks Copperfie y bagheera, respectivamente, y por la relación que tenían ambos canales, pude conocerla, así como a algunos asiduos a su canal.

Desde entonces le había perdido bastante la pista, a pesar de que ambos estamos vinculados al sector del marketing en internet, cada uno con sus respectivas empresas, y por eso, aún a riesgo de repetirme demasiado, me ilusiona ver que sigue con las mismas fuerzas que antes ejerciendo su influencia y sus buenas labores periodísticas. ¡Suerte, Mar!

Los sueños como objetivo

Tras un largo periodo de tiempo sin escribir en el blog vuelvo a la actividad con fuerzas renovadas, y espero que con tiempo suficiente para hacerlo con cierta continuidad (precisamente mi ausencia bloguera se ha debido a una reestructuración, de la que ya contaré más detalles en pocos días).

Hoy he leído una cita que me ha llamado la atención, típica americana y digna de cualquier libro de autoayuda. Ofrezco una versión traducida por mí: “Pon un sueño delante de la gente, no una misión. Las misiones tienen un final. Los sueños son para siempre. Los sueños son personales” (por Kevin Carroll).

A pesar de que la teoría clásica de gestión empresarial siempre habla de la misión como la punta de la pirámide de la organización empresarial (como materialización de una visión), lo cierto es que gran parte de las misiones (visiones) se fundamentan en un sueño, al menos en aquellas empresas que se fundan por emprendedores individuales o un grupo de ellos.

Ahora bien, volviendo a la cita, que sin duda es motivadora, los sueños tienen un problema a menudo, y es que probablemente tengan matices inalcanzables o dificilmente ejecutables, lo cual en vez de motivar, puede llegar a ser frustrante.

Otro problema de establecer los sueños como metas es que éstos, al ser genéricos, es más difícil establecer hojas de ruta para lograrlos. Mucha gente no sabrá qué hacer si alguien no le indica cómo llegar, mientras que en una misión, al ser más concreto, suele ser más sencillo ver el horizonte y saber qué camino coger. Aquí podrían entrar en juego otros factores, como por ejemplo el coaching, que al menos hará las veces de brújula para asegurarnos al menos que vamos en la dirección correcta.

En definitiva, persigue tus sueños, pero no dejes nunca que se conviertan en pesadillas.