Entrevista en Mejor Negocios

Roberto Herrero en la redaccion de MundogamersHoy ha salido publicada en la versión digital de Mejor Negocios una entrevista que me realizaron la semana pasada, como parte de una serie de artículos y entrevistas sobre publicaciones de internet especializadas en videojuegos. En mi caso, como propietario de Mundogamers.com.

A lo largo de la entrevista contesto a algunas cuestiones referentes a la historia de Mundogamers, y muestro mis opiniones sobre la situación del sector, algunas de las cuales veo con agrado que son compartidas por algunos representantes de otras publicaciones que también han sido entrevistados dentro de la misma serie.

A través de este enlace podéis leer mi entrevista (el enlace ha dejado de funcionar). La fotografía está realizada en mi despacho, ¿casualmente? con Mundogamers abierta en una de las pantallas. Además, podéis leer también las que se han realizado a:

– Pep Sánchez de Meristation.com
– Jesús Torres de Trucoteca.com
– Vander Fujisaki de OJGames.com

Como anécdota resaltar que poco antes de realizar la fotografía tenía abierta la nueva versión de Mundogamers (aún en desarrollo). Habría sido un gazapo interesante que hubiera salido en la foto (aunque tampoco se aprecia muy bien).

Actualización 31/10/2012: Los enlaces han dejado de funcionar, por lo que se han eliminado

Ni política ni fútbol

Política y futbol

Desde que inicié este blog he escrito de muchos temas, aunque siempre con un enfoque más o menos orientado a los negocios en los que me voy introduciendo, variando según varían mis intereses en cada momento, o bien la actualidad informativa.

Sin embargo desde un principio me autoconvencí de no hablar de política ni de fútbol. Ambos son temas que me interesan bastante (en los dos como aficionado, no participo en ellos), pero no me parece positivo compartirlos en público. Si procuro no hacerlo en persona, con menor motivo en un blog.

El principal motivo es porque por alguna extraña razón estos temas suelen acabar enojando a alguien. Da igual qué comentario hagas, lo neutral que seas o lo educado que pretendas parecer. Siempre habrá alguien ofendido. Así, por poner un ejemplo, puedo decir que la web 2.0 sea el peor calificativo que se me ocurra, que habrá gente a favor o en contra, pero todo serán respuestas argumentadas y casi con toda seguridad inofensivas. Ahora, criticando cualquier decisión política -sobre todo si es una decisión polarizada con grandes bloques a favor y grandes en contra- o bien un comentario que haga alusión a cualquier equipo grande, traería como consecuencia toda una dulzaina de insultos y enfrentamientos que empeorarían el clima general.

No hace falta buscar demasiados ejemplos, porque seguro que todos habéis sufrido experiencias similares, o sino, basta por darse una vuelta por CUALQUIERA de los periódicos digitales que tengan habilitados los comentarios, ya sean de información generalista o deportiva.

Por supuesto esto puede suceder con más temas, pero con el fútbol y la política es una apuesta segura. Todo ello se ve agravado porque de política y fútbol todo el mundo opina, da igual su nivel de conocimiento sobre la materia. Si en la televisión dicen que la economía va bien o mal porque la balanza de exportaciones con Senegal es positiva, todo el mundo lo usará como argumento, y tragará con ello, aunque no sepa que diantres es esa balanza, ni si realmente es un indicador válido, igual que opinará que el sistema 4-3-4 no era el idóneo para enfrentarse en casa a un rival más fuerte. ¿Dije opinar? Perdón, quería decir que lo defenderá a muerte.

Con esto no quiero decir que la gente no pueda opinar, incluso de temas que no conozca -precisamente el enfoque de alguien que desconoce puede ofrecer mucha luz-. El problema se plantea en el momento en que muchas personas -y quizás no me aleje de la realidad si lo amplío a todas- a la vez que opina se cierra en banda y convertimos nuestra opinión en una causa. Quizás sea la herencia de nuestro pueblo, y nuestras ideas no son más que una representación intelectual que rememora la resistencia de Numancia.

A ello se une que por ejemplo no tengo la elegancia a la hora de tratar temas con cierto componente político como puede hacer Martin Varsavsky o Jesús Encinar a los que intelectualmente no me queda más remedio que mirarles desde abajo, y aún así, no se salvan de las polémicas, y en algunos casos agravios, por su valentía.

Así que, aunque no puedo decir que ésto sea así siempre, en la medida de lo posible procuraré evitar temas con componente político claro, así como debates de fútbol, relegando mis reflexiones e ideas al terreno privado.

Podcast para aprender inglés (de forma divertida)

Todos aquellos que me conocen saben que soy un tanto obsesivo con el trabajo, y que me cuesta desconectar, aunque sólo sea intelectualmente. Un reflejo de esta pequeña obsesión es que siempre estoy buscando formas de optimizar el tiempo, intentando aprovechar tiempos muertos (como aprovechar al máximo los trayectos en transporte público, minimizar tiempos de comida…).

Además me enfrento al mismo problema que muchos: a pesar de que leo bastante en inglés, mis problemas de comprensión oral y de comunicación verbal en inglés me resultan algo incapacitantes (aunque me llego a defender, es una cuestión de falta de hábito más que de conocimiento); a pesar de que en estos momentos no tengo un especial interés en mercados internacionales no son pocas las ocasiones en las que tengo que recurrir a entablar conversaciones en inglés. Al final acaba saliendo algo en claro, pero no me siento cómodo, se me escapan muchas cosas y me muestro poco participativo a sabiendas de mi limitación. A veces puedo solventarlo llevándolo al francés, en el que me siento ligeramente más cómodo, pero esto no siempre es posible.

Uniendo estos dos puntos, últimamente he encontrado una solución que soluciona ambos: aprovechar el trayecto de mi casa a la oficina, y de la oficina a casa para aprender inglés.

Tardo 25 minutos de ida, y 25 de vuelta, que normalmente realizo andando. De hecho acorto mi jornada en la oficina para no tener que volver después de comer y perder otros 50 valiosos minutos, continuando mi trabajo desde casa. 50 minutos perdido que ahora les saco provecho practicando inglés.

Para ello procuro buscar cursos en mp3, o bien podcasts para aprender inglés u otros idiomas.

Hasta ahora me bajaba podcasts y los escuchaba, pero o eran en español y la mayoría tratan de temas bastante triviales -sólo me interesan cosas muy concretas y el resto me parece perder el tiempo- o eran en inglés y se me escapaba la mitad de las cosas. Sentía que necesitaba un paso intermedio antes de enfrentarme a los podcasts que hablan demasiado rápido o con pronunciación «dejada», así que me puse a buscar cursos de ingles, en los que la pronunciiación está cuidada y así enseñar al oído desde lo más fácil.

No estoy interesado en los cursos de gramática, o los clásicos repite conmigo.. sino en aquellos que tengan relatos o se asemejen a las clases de conversación. Y encontré uno que me gusta bastante: el podcast de Vaughan.

Se tratan de extractos, de periodicidad diaria con extractos de Vaughan Radio con una duración aproximada de 50 minutos. ¡Justo los que dedico a la ida y vuelta!, así que me viene perfecto.

El estilo no es tan aburrido como cualquier curso de inglés, aunque sí que esté corrigiendo fallos comunes, y prácticamente todo el programa es en inglés, salvo alguna aclaración en español, entendiéndose a la perfección. Como pega, hay veces que puede hacerse algo repetitivo, pero eso sí, siempre instructivo.

Sé que no se producirán milagros, pero estoy seguro de que con el tiempo, y casi sin querer iré acostumbrado a este estúpido oído mío a entender mejor el inglés. Lo de la lengua ya es caso perdido… a veces se traba con el español ;) A mí me ha venido como anillo al dedo, así que espero que a alguno de vosotros le venga bien.

Por cierto, si conocéis cosas similares, bien en inglés o en otros idiomas (estoy interesado en chino, japonés y alemán -en estos desde casi cero, y en francés para mejorar fluidez), podéis comentarlo. Seguro que Sergio Blanco tiene mucho que decir.

Actualizado: David nos recomienda los Multimedia de BBC Learning English y English as a Second Language Podcast

Actualizado 18 de noviembre: Carmen nos recomienda Livemocha (parece que ya no está activo), una comunidad para aprender idiomas.

Antonio Ortiz habló sobre este mismo tema hace un tiempo, y refleja una colección de recursos para aprender inglés.

Actualizado 19 de noviembre: Miguel nos deja otro recurso de podcasts para aprender inglés: Englishpod.

Actualizado 20 de noviembre: Leyendo el comentario de Rodolfo Llanos, veo que dispone de ofertas para bloggers de cursos de inglés en Soloinglés

Actualizado 29/08/2015: He realizado un post con un nuevo método divertido para aprender inglés: leyendo comics en otros idiomas.

Los piratas de la oficina

Aún no salgo de mi asombro, quizás por ser demasiado ingenuo, con lo que me sucedió hoy.

Estos días estoy buscando oficinas para una nueva empresa, junto con un socio, y hemos podido comprobar atónitos que los piratas (en sentido figurado) no son cosa del pasado, y no me refiero a los que alimentan el Top Manta o a quienes descargan material audiovisual, sino a los piratas en los negocios.

Este no es un post de denuncia, y por ello no voy a dar ningún nombre, simplemente reflejar una anécdota que me ha parecido curiosa, aunque soy consciente de que es algo muy habitual ¡pero normalmente es para favorecer al cliente, y en este caso no!.

Entremos en situación: resulta que llegamos al centro de oficinas, y nos enseñan algunas. Debo decir que algunas de ellas se ajustaban a lo que buscábamos, y nos gustaban, lo cual hace más incomprensible las actuaciones posteriores.

Al principio todo muy bien, hasta que nos dan un precio. Un precio que entraba dentro de nuestros planes. Bien. Sin embargo, entrando ya en detalles, hay un cambio repentino en sus argumentos y dice que el precio que decía era en B (antes dio a entender de manera clara que no era así, que era un precio en A), algo que nos descuadró por completo.

Estaba claro que estaban improvisando tarifas (y otras muchas cosas), acompañado de un trato excesivamente cercano -chistes, bromas,…-, pero lo mejor estaba por llegar.

Ante mi clara negativa (las cosas cambiaban en esas condiciones, ya que me gusta tener las cuentas claras y transparentes -a lo que se suma que no me cuadraban las cuentas y que ya estaba yo con no una sino muchas moscas tras la oreja-) les digo que me digan el precio legal (en A), y dieron una cifra que no le veía mucho sentido a como la calcularon, porque si descontaba IVA y las deducciones por impuestos (al ser un gasto) nos salía mucho mejor económicamente que la supuesta «oferta pirata».

Diréis que eso es más o menos común -por ejemplo en talleres, obras, etc., y que suele ser favorable para el cliente si es particular porque se ahorra el IVA (nuestro caso es una empresa), y así es. Podría haber sido un error, e incluso quizás intentaron hacernos un favor (menudo favor si nos salía mejor por la vía legal), pero os digo que no fue así. ¿Por qué? Es que la película no ha terminado, señores.

Claro, podían hacernos facturas. Pero, ¿no nos viene mejor que las facturas sean de restaurantes? …. Restaurantes… Pero, ¿qué me están contando? ¿Qué les pasará por hacer una factura? Esto olía ya a cuerno quemano.

Por supuesto, recomendaban reservar (una mensualidad) porque había lista de espera. Pues muy bien, pero los que van a esperar son ellos.

Todo esto llevó que de una más que probable firma de contrato (nos gustaba) a quedar totalmente descartado. Sin duda que los vendedores tienen un gran sentido comercial, y dan una imagen de transparencia, seriedad y confianza a sus potenciales clientes. Lo que han conseguido es que opciones que previamente habíamos descartado hayan vuelto a ser opciones válidas.

Cabe decir que este sitio no era un sitio cualquiera, sino que estaba situado en una zona noble de Madrid, y se dedicaba profesionalmente al alquiler de despachos y oficinas (disponiendo de varios inmuebles). Afortunadamente, de momento parece que son la excepción.

Cuando salimos, lo primero que nos dijimos fue: !Qué piratas! Si hacen eso ahora, a saber qué harían después. ¿Veríamos las fianzas? ¿Habría problemas con los desperfectos que pudieran salir?

Debo aclarar que no me molestó que me propusieran una opción en B (es habitual en otros sectores, y a particulares les puede interesar, a sabiendas de que tiene riesgos inherentes), sino que ante mi negativa y mi exigencia de hacerlo totalmente legal hubiera tanta resistencia (ni os imagináis cuanta, con algunas de las imaginativas soluciones que he citado). Me hizo sospechar que algo extraño había.

Cambios en la jornada laboral

Por supuesto me refiero a la mía. Era excesivamente extensa, y realmente acaparaba mi vida.

La decisión ha venido a raíz de los comentarios de mi familia: «siempre estás trabajando». Lo cierto es que nunca me ha importado, de hecho en ocasiones he intentado dejar de trabajar y no he durado ni una hora antes de volver, porque me aburro o no acabo de desconectar.

Pero este fin de semana me he puesto a calcular mi jornada media durante lo que va de año, algo sencillo, pues casi todos los días es igual, incluido fines de semana, y debo confesar que la cifra me ha asustado: ¡alrededor de 75 horas semanales!.

Era demasiado. Es cierto que tengo mucho trabajo, y que me encanta lo que hago, pero 75 horas es demasiado, prácticamente todo el día (y eso que suelo dormir poco). Creo que mi familia tenía razón y el trabajo me podía.

Así que he tomado una decisión, algo que no había hecho nunca (al menos con éxito): imponerme un horario. Inevitablemente tiene que ser amplio en número de horas, sino quedará mucha faena por hacer, pero creo que con algunos cambios de hábitos puede ser viable.

La nueva jornada comienza a las 8 de la mañana y termina a las 18:30 horas de la tarde, de manera ininterrumpida, salvo media hora para comer (lo que utilizo normalmente).

A este horario añado una serie de horas extra, de tiempo semiocioso, que aprovecharé para escribir en el blog y leer y comentar todos los feeds de blogs y foros a los que estoy suscrito. Es uno de los mayores sacrificios, pues cada día los revisaba al menos 10 veces y me consumía parte del tiempo (no sólo por leerlos, sino por la desconcentración para otras tareas y un cierto grado de dependencia insano, sobre todo para mantener «conversaciones» en comentarios de temas interesantes.

El tiempo estipulado para esto será de 1,5 horas por la noche (entre las 10:30 y las 12), a lo que para terminar sumo 2,5 horas el sábado para tareas de mantenimiento y que todo pueda sobrevivir el fin de semana (contestar últimos correos, planificar la semana siguiente y hacer las últimas gestiones que aún queden abiertas).

En total, 60 horas semanales. Sigue siendo jornada y media de trabajo, pero la ganancia de tiempo es significativa. Incluso creo que gracias a dejar actividades distractorias para última hora me permitirá ser más productivo durante el día, y disfrutar más a la hora de bloguear y leer mis fuentes favoritas.

Imagino que será algo que os suceda a muchos, sobre todo a aquellos que trabajéis por cuenta propia (autónomos, empresarios…). Yo sé que me costará cumplir este horario, pero espero que redunde en una mejor calidad de vida cuando supere el síndrome de abstinencia, y con suerte sin pérdida de rendimiento.