Cuando adaptarse a Internet es una necesidad

Tras leer El CD ha muerto, viva la música digital en el blog de Alejandro Suarez queda patente que hay sectores en los que adaptarse a los tiempos de internet no sólo es positivo, sino que se convierte en una necesidad.

En su post pone de manifiesto los niveles de ventas de música reales, muy inferiores a lo que se anuncia. Es algo que siempre me llamó la atención simplemente pasándose por cualquier Fnac/El Corte Inglés … en fechas, y ver que el nivel de ventas es continuado, pero no espectacular como para alcanzar ciertos niveles de ventas anunciados. Pero este no es el tema que quiero tratar.

Su post pretende poner de manifiesto la falta de reflejos de esa industria (extremadamente conservadora gracias a la facilidad en que se consiguen -aún hoy- pingües beneficios), y su escasa capacidad de reacción. Internet le lanzó una bola floja desde lejos, y le ha dado de lleno en las narices a pesar de verla venir.

Su torpeza es doble, no sólo porque Internet no debería de suponer una amenaza para ellos, sino que es una oportunidad tremenda. No sólo porque facilite el acceso a información adicional, facilite la promoción, permita la venta remota o incluso permita aumentar las ventas mediante marketing directo, sino porque además pueden aprovechar nuevas formas de consumo y de distribución (en ello hace hincapie Alejandro).

Un buen ejemplo, con unas características similares a su sector, y que en mi opinión está sabiendo reaccionar bastante bien es el de los videojuegos.

Gran parte del sector se está basando en internet. Sin duda la expansión de muchos juegos se fundamenta en su maravilloso juego online, que supone un valor añadido a ellos que frena la piratería (quien quiera se lo puede bajar, pero no podrá disfrutar de la verdadera esencia del juego).

Algunos incluso se basan en Internet, como la mayoría de los MMORPG, o los juegos de GOA, Bigpoint o Gameforge, con un modelo de negocio establecido a pesar de su gratuidad (en algunos casos) o de mensualidades (en otros). Otros comienzan a jugar con la publicidad financiando sus productos con anuncios, abriendo nuevas posibilidades.

Pero incluso comienzan a aprovechar nuevas formas de distribución (y la tendencia va en aumento), como pueden ser los entornos online que disponen las distintas consolas, donde ofrecen contenido a sus usuarios abonados (que no son pocos millones) y la venta de juegos (algunos con millones de descargas a pesar de ser de pago).

Todas estos aciertos de los videojuegos (y aún les queda camino por recorrer) podrían ser aplicables en mayor o menor medida a la música. La búsqueda de alternativas de distribución, creación de comunidades, elaboración de formas de interacción con el cliente y por qué no, insertando publicidad entre pistas -a cambio de gratuidad o precios atractivos- pueden ser mecanismos válidos para esta industria.

Pero claro, es mucho más fácil que seamos todos los que les financiemos a ellos y a otras asociaciones vinculadas a través de cualquier tipo de canon.

El instinto del emprendedor

Septiembre es el inicio del curso escolar, y muchos lo consideramos el comienzo del año, a pesar de la distancia con el ejercicio de la empresa (habitualmente el año natural).

Existe mucha gente con la que hablo que sienten ese gusanillo de emprender, de lanzarse a la aventura empresarial, pero que a su vez, como si de un deporte de aventura se tratara sienten vértigo sólo de pensar en asomarse al barranco. Yo no sé de números como tú, me dicen.

Lo cierto es que en mi opinión para emprender hay que guiarse en gran medida por el instinto. Muchas de las acciones y decisiones que vamos a tomar van a ser más por instinto que por números.

Pero tomar decisiones por instinto es algo muy distinto a decisiones aleatorias. De hecho el instinto, el subconsciente, hace muchos más cálculos de los que creemos.

Un buen ejemplo (no es mío, es usado por Tim Harford en La lógica oculta de la vida) es cuando recogemos una pelota que nos lanzan. Es una acción aparentemente sencilla, en la que en términos matemáticos están implícitas varias ecuaciones diferenciales, en las que es necesario tener en cuenta rozamientos, ángulos de salida, velocidad, gravedad y el tiempo, además de las coordinadas de recepción. Probablemente poca gente sepa calcularlo, pero todos serán capaces de coger una pelota lanzada. Es más, la mayoría será capaz de hacerlo incluso desconociendo algunas variables (por ejemplo, sin saber cuando se ha lanzado -imaginemos que no vimos cuando se lanzó- ), que complicarían el cálculo numérico.

Por supuesto es de gran ayuda el tener conocimientos financieros, pero, para tranquilidad de muchos, conozco muy pocas empresas que gestionen de manera medianamente eficaz sus recursos financieros, ni siquiera muchas de las que se dedican a la inversión.

La empresa es una unidad económica más, igual que lo es la familia (y todos tenemos una). Así que todo lo aplicable económicamente a una familia lo es a una empresa.

Es por este instinto por lo que nunca he creído en los planes de negocios. Lo primero que aprendes en la facultad de Administración de Empresas es que los datos son manipulables e interpretables, por lo que cualquier Plan de Empresa se puede hacer atractivo al lector, sobre todo porque éste último tiene información incompleta.

Sin embargo, el instinto no tiene el mismo grado de desarrollo en todas las personas, o al menos no tiene el mismo grado de letargo, por lo que algunos demuestran más fácilmente su clarividencia que otros (normalmente apoyada por conocimientos y experiencias), pero la capacidad está en cada uno, sin excepciones.

Esta apuesta por el instinto del emprendedor parecen tenerla ya algunos inversores, que inciden en la importancia del emprendedor (o equipo) por encima de otros valores como la idea o los recursos. Como salvedad a veces inciden demasiado en el carisma y liderazgo, y en mi opinión éste no es imprescindible (al menos yo no lo tengo).

¿Aún piensas que “no sabes de números” para poder emprender?